Las mejores rutas en tren: el mítico Orient Express

  • Descubre el recorrido original de esta mítica ruta así como las alternativas que fueron surgiendo con el paso de los años.

Corría el año 1934 cuando se publicaba la novela de misterio 'Murder on the Orient Express' (Asesinato en el Orient Express), escrita por la británica Agatha Christie. En ella, el detective Hércules Poirot tiene que volver de París a Londres por un encargo y lo hace con el servicio de tren cuyo nombre sirve como título de la obra. Durante el trayecto uno de los pasajeros es asesinado y Poirot debe resolver el caso.


La obra literaria fue un gran éxito en todo el mundo y actualmente es catalogada como una de las mejores de todos los tiempos en su género. Tanta notoriedad acrecentó el interés por este servicio ferroviario que, de hecho, existía ya cinco décadas antes de la publicación del libro.


El servicio fue ideado por el belga Georges Nagelmackers y la ruta original partía de Paris y recorría media Europa hasta llegar a Constantinopla (actual Estambul), la capital del Imperio Otomano (actualmente Turquía), tras más de 80 horas de viaje. En este post repasamos la ruta original así como las variaciones que fueron surgiendo con los años. No olvidemos que estamos hablando de épocas convulsas con guerras de por medio y unas fronteras que no tenían nada que ver con las actuales.


El origen: Paris

La capital de Francia era el punto de partida y desde luego no era un mal comienzo. Dos años antes de la inauguración de la ruta se inauguraba la Torre Eiffel en los campos elíseos. El centro histórico de la ciudad -donde se encuentra la Catedral de Notre Dame-, el Arco de Triunfo o la Basílica de Sacre-Coeur son otros de los grandes, variados y numerosos atractivos de la ciudad del amor.

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Primera parada: Viena

Tras atravesar el sur de Alemania el tren llegaba a la ciudad de Viena, la capital del por aquel entonces poderoso Imperio Austrohúngaro. Se trata de una ciudad con una marcada estética imperial, con majestuosos edificios, grandes plazas y estatuas conmemorativas en prácticamente cada rincón. Recorrer el lujoso Palacio de Schonnbrun o contemplar la catedral desde lo alto de sus torres son algunos de los mejores planes que realizar en esta ciudad.

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Segunda parada: Budapest

Aunque actualmente es la capital de Hungría, en esos tiempos la ciudad pertenecía al Imperio Austrohúngaro, por lo que el tren no cruzaba ninguna frontera en su trayecto desde Viena. Si bien Hungría no era independiente, sí gozaba de un elevado grado de autonomía y era culturalmente diversa. Durante la primera década de servicio los visitantes se encontraron un edificio del parlamento a medio hacer, pero a partir de 1902 todo aquel que hacía parada en la ciudad comenzó a deslumbrarse con el imponente y particular edificio. Realizar un crucero por el Danubio o visitar el Bastión de los Pescadores son algunos de los planes que no puedes dejar de hacer.

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Tercera parada: Bucarest

Partiendo de Budapest y tras más de 700 km a través de Transilvania el tren llegaba a Bucarest, la capital del Reino de Rumanía, que había estrenado su independencia apenas once años antes de la puesta en servicio de esta ruta. Sí, Rumanía fue durante más de un siglo una monarquia constitucional hasta que la Unión Soviética estableció una República tras la Segunda Guerra Mundial. Entre los monumentos que cualquier visitante no puede obviar en su visita a Bucarest se encuentra el edificio del Parlamento, el más grande de este tipo en el mundo, así como el Arco de Triunfo.



Destino final: Constantinopla

Tras partir de Bucarest, el tren se dirigía a su destino final, la exótica Constantinopla, una de las ciudades más importantes y prósperas de la época situada en una posición estratégica entre Asia y Europa, lo que favoreció la mezcla y enriquecimiento cultural de la urbe. Era la capital del Imperio Otomano, un vasto imperio que comprendía los territorios de la actual Bulgaria, Grecia, Turquía, Oriente Medio y gran parte del norte de África. Con la caída de la ciudad en 1922, esta pasó a denominarse Estambul, nombre que mantiene hasta nuestros tiempos y el Imperio Otomano dio paso a la formación de numerosos estados independientes, entre ellos la República de Turquía.


Era el principal reclamo publicitario de dicha ruta ya que la ciudad era algo totalmente distinto a lo que cualquier europeo de la época podría estar acostumbrado, máxime en un mundo infinitamente menos conectado que el actual en donde las mezquitas eran para muchos europeos algo inédito.



¿Cómo afectaron las guerras del siglo XX al servicio?

Durante el siglo XX tuvieron lugar las dos Guerras Mundiales y evidentemente el Orient Express no quedó exento de sus consecuencias.


Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) las operaciones fueron interrumpidas, aunque tras re-emprender el servicio no sólo se volvió a la normalidad sino que se creó una nueva ruta que discurría por Suiza e Italia hasta llegar a Belgrado, donde el nuevo trazado se unía con el antiguo para seguir su camino hasta Constantinopla. Esto permitía evitar entrar en territorio alemán (la ruta original pasaba por Múnich).


Durante la década de 1930 el servicio llegó a su máximo apogeo coincidiendo con la publicación de la novela de Agatha Christie y el recién estrenado enlace de París con Londres, lo que permitió a los ciudadanos ingleses disfrutar del mismo.


La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) volvió a forzar la interrupción del servicio, que cuando se reanudó se dio de bruces con la nueva realidad, unas fronteras totalmente desdibujadas y nada parecidas a las que había conocido en sus inicios. La instauración del Telón de Acero en el Este de Europa hizo las fronteras de Hungría, Serbia o Bulgaria impracticables. Y lo más importante, las tensiones entre Bulgaria y Turquía forzaron un cierre de fronteras entre 1951 y 1952, lo que impidió al tren llegar hasta su destino original.


La miseria de la posguerra, la inseguridad e inestabilidad política del continente y la llegada y expansión de la aviación comercial acabaron por sentenciar al mítico Orient Express, que fue replegando el servicio a las pocas rutas rentables que iban quedando hasta desaparecer por completo.

Rutas del Orient Express desde su creación. Author Alphathon (Wikimedia)

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